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A menudo tengo la imagen de una mujer que yace sobre una cama con los ojos cerrados. Tiene mis rasgos, los de mi hermana, los de mi madre y los de mi hija de forma que no es ninguna de nosotras y es a la vez todas nosotras. Esa mujer me subyuga, es obvio, ella reúne todas las edades pasadas y a la vez promete todas las futuras; me imagino instalada dentro de ella. como en el espejo de Alicia, dentro tendré la posibilidad de ver el mundo desde el otro lado y, a la vez, me tendré capturada a mi misma; y es así como las distintas edades se manifiestan de golpe, a un mismo tiempo, en el preciso instante en que la contemplas, mientras que yo, mi madre, mi hija, estamos atrapadas cada una de nosotras en nuestro propio ámbito biológico, vivido de forma única; en el momento en que nos miras reconoces lo vivido y lo que falta por vivir, que nos niega la posibilidad de volver hacia atrás, atrapadas, cada una de nosotras en nuestra exclusiva coordenada temporal.

 

Definir el aprendizaje me lleva al doble contorno que forman la realidad y la memoria. Se puede juzgar que una sucede a la otra, que la memoria es una consecuencia de lo vivido, pero eso queda en entredicho cuando experimentamos la sensación singular (aunque no infrecuente) de estar viviendo una situación que ya ha sido vivida por nosotros con anterioridad. Sensación de extrañamiento que nos envía el fondo memorístico del que todos y cada uno disponemos. Sentimiento que irrumpe cuando me identifico (y soy) la mujer que yace al otro lado del espejo.

 

La teoría de los fractales tiene su aplicación, su voz, en este modo de ver y sobre todo de sentir las cosas, máxime cuando se admite la estrecha relación entre juego y aprendizaje; las fractales conllevan en buena medida esa imagen de estar en un juego (de rompecabezas); esa teoría viene a decir que las formas geométricas que percibimos en el mundo real tienen la propiedad de ser una imagen reducida del todo en cada una de sus partes. De ese modo las formas recientes anulan las precedentes, incluso con violencia, a pesar de arraigar en aquello que combaten; a la postre toda forma de vida se riza con sus orígenes para fenecer; pero mientras esto sucede, en otro punto, otra forma, simultánea, ya alcanza su grado máximo de desarrollo; la referencia a la transmisión de las ondas de luz y al oleaje marino es evidente. Por tanto parece que la realidad inmediata, los fenómenos en los que tanto nos gusta zambullirnos, nuestras experiencias personales, bien en clave científica, bien artística pueden ser manejadas por las personas pero lo que sigue siendo un enigma inalcanzable es el dónde estamos, el enclave de esta realidad específica y ahí es donde nace la necesidad de aprendizaje, porque hace falta mantenernos como niños para afrontar la rizada existencia. Una muchacha de Eslovenia (ese pequeño país de dos millones de habitantes, situado en la parte soleada de los Alpes, entre Austria y Croacia) venida a España, decía, cuando le preguntaban si le gustaría tener hijos, que en su país tienen un dicho: Hay que ser un niño para tener niños. Los niños se entusiasman con la pura vida, cualquier cosa les llama y jalea, gozan de la fuerza del aprendizaje, voraz y permanente.

 

PROYECTO APRENDIZAJE

 

Aprendizaje es el proyecto en el que vengo trabajando en los últimos años. Nace de la intuición de un universo perdido para siempre en el seno materno, en el que la infancia, la juventud, la madurez y la vejez permanecen incrustados para manifestarse a pedazos en cualquier momento. Es un sentimiento contrastable: cabe admitir que antes de nacer, en la vida uterina, ya participamos de la vida emocional y plenitud de la madre. Salvador Dalí hace referencia a su vida uterina para explicar el territorio subyacente y los impulsos surrealistas de sus cuadros. Aquel universo quedó en el seno materno pero nos trajimos en semilla (eso es nacer), en código genético, comprimido, todo aquello que luego en la vida vamos a desplegar. Es un plan gestado desde la memoria y la distancia con la que recordamos la propia experiencia, y aborda los diversos niveles narrativos que generan los cambios que configuran nuestro mundo. un movimiento fractal de espacio y tiempo. Aprendizaje es un trabajo gestionado desde la memoria y los puentes con que recuperamos la propia existencia (la existencia, sin duda, ya vivida) y aborda la narración que genera un mundo nuevo que corre al rescate del que fue; busca la continuidad. un movimiento fractal de espacio y tiempo.

 

Es un trabajo sobre el movimiento, el redescubrimiento (lo que la tradición judeocristiana llama ‘la pérdida de la inocencia’), los impulsos sensoriales, los apetitos, la construcción de las emociones, el peregrinaje de un estado a otro, de un lugar a otro. ¿Y para qué ese esfuerzo permanente? Para que las cosas sigan existiendo. En ciencia ya se considera a los objetos y al mundo que nos rodean parte integral de nuestra naturaleza

 

PROCESO

 

Las piezas de este trabajo se desarrollan de un modo similar a la cimentación de la memoria y a los distintos estadios en los que se manifiesta. Técnicamente acopia utilidades de la pintura, la fotografía y el cine. Son piezas que a partir de un material documental fotografiado y mediante un sistema lenticular de digitalización fotográfica permiten la aparición-desaparición de la secuencia visual. Primero se efectúan las sesiones fotográficas dirigidas a la reconstrucción de las capas superpuestas con las que elaboramos los segmentos de recuerdos; imágenes que establecen un segmento episódico y que al reunirlas operan en la construcción capitular de un relato

 

Según el recorrido físico del espectador, la lente permite la visión desaparición de los elementos que construyen la imagen final, que es siempre una imagen en movimiento. Se origina en cierto modo un efecto de tiempo abierto, de relato resquebrajado, que el espectador termina con su desplazamiento y su propia historia. Así, la imagen puede ser leída como una acumulación de instantes o como un único instante sostenido.

Por fin, son retratos de situaciones ceñidas a lo habitual, los personajes están en camino, en situaciones del todo comunes. Es un cúmulo de imágenes para las que utilizo tanto el video, como la fotografía y el ordenador

 

PROJECTO PLAN

 

En este momento Aprendizaje está segmentado en Infancia, Juventud y La edad de Bronce. Infancia es el retrato de un niño construido como mar, rosa, viento, sonido, luz. Es insistir en el hasta qué punto los unos estamos en los otros, de cómo unas cosas están en otras y lo que hace nuestra percepción es desmembrarlas. Juventud está dividido en Los enamorados, Los Suicidas y Gineceo. Incide en el momento en el que reconocemos que algo atravesó nuestra niñez sin dejar huella y cómo, de repente, tras el descubrimiento / la pérdida de la inocencia nos encontramos desnudos y sobre todo responsables del mundo: el momento iniciático de la búsqueda y la derivación en los otros. La edad de Bronce está dividida en La mujer invisible y Retratos. Hay un video en realización que he iniciado en dos geriátricos donde interrogo a distintas mujeres sobre cuáles habían sido sus aspiraciones en la vida y cuáles sus resultados; este material se contrapone al de niños a los que les pregunto lo que quieren ser de mayores La mujer invisible es una acumulación de retratos de mujeres a partir de los cuarenta años. El momento en que la imagen que tienes de ti misma y la que el espejo te devuelve dejan de coincidir, y empiezas a preguntarte cómo será vivir con el cuerpo de alguien a quien no conoces. Los hombres mueren, las mujeres envejecen y mueren.

 

Esta división me permite trabajar diferenciando las imágenes que construyo según los distintos estadios a los que corresponden, y aunque los unos interfieren en los otros, ya que forman parte de un mismo universo es el sistema que me ha facilitado rescatar una serie de imágenes que forman parte de mi memoria y espero que consigan ser contrastadas por los demás.

 

A PROPÓSITO DEL APRENDIZAJE

 

¿Hasta que punto nuestros sentimientos y emociones son resultado de un aprendizaje? ¿Sentimos lo que nos es permitido sentir? ¿ Sentimos lo que nos han enseñado a sentir? Parece ser que los sentimientos contribuyen de manera decisiva a la formación de la memoria. Sabemos que las experiencias con contenido emocional se fijan mejor en la memoria que lo rutinario y desmotivado. Nadie puede olvidar el ataque a las Torres Gemelas. Ello es debido a que las emociones son las flores de la incertidumbre. Donde estamos inseguros, donde la realidad se muestra vulnerable se dispara una emoción. Cuando algo se descompone y asoma una novedad surge una emoción. En el momento en que se duda pero se continúa por la razón que sea, en esa tesitura indeterminada, aparece una emoción. Por el contrario donde todo es previsible, donde no cabe alternativa no se generan emociones. Reprimir las emociones requiere dogmatizar y trillar el terreno, someterse a una rutina de disciplina y seguridad estéril. Por eso en los niños todo son emociones: la incertidumbre del desconocimiento. Desequilibrados por la fascinación deslumbrante de las emociones que tiran de ellos, sacudidos por los latigazos de la emotividad saltan de un estado a otro, de un juguete a otro, hasta el agotamiento. El adulto centra y conduce. Los niños que crecen en un entorno favorable, en el que son queridos y consentidos, pueden volverse caprichosos, desleales, y al final indecisos y sicóticos; más grave es el caso de los niños que sufren desafecto y violencia porque sus emociones serán flores de pánico, de miedo, y acabarán convirtiéndolo en un monstruo. De manera que las emociones deben ser dirigidas, controladas pero nunca anuladas Los niños se ríen de treinta o cuarenta veces al día, poco a poco esa cifra desciende, a medida que nos hacemos mayores y no es porque seamos más maduros, sino porque el grado de seguridad en que nos instalamos es proporcional a la atenuación de las emociones.

 

Nada más incierto que la felicidad, más inseguro que los buenos momentos que siempre están preñados de la caducidad del instante. ¿Por qué se ríen los enamorados? Porque no ignoran el vértigo y lo insostenible de su situación. El simple hecho de abandonar la infancia para encaminarnos como en una cinta corredora hacia la madurez y más adelante la vejez, es en si mismo un juego que subyuga nuestros recuerdos y los aviva para mediante ellos apurar todo lo posible el juego de la vida que es el de la aceptación de que ni nacimos ni por tanto morimos porque en lo más profundo suena el rumor de nuestra inmortalidad.

 

No cabe hablar de la construcción de la memoria (nuestros recuerdos no son más que consultas al mapa de nuestra vida) sino de lo que su uso nos permite hacer, ni de la inestabilidad de las emociones que son el fruto necesario y gratuito y generoso de la incerteza que nos domina y mantiene en vilo, ni cabe hablar de la adecuación al mundo que no es más cargar de más y más burocracia al espíritu Contrastamos nuestros recuerdos con los de los demás, nos los contamos, y estamos interesados tan solo en aquellos que pueden reafirmar el mapa de los nuestros o que podemos agregarlos a nuestro mapa de señales recordatorias. La cultura como recuerdo colectivo compartido no es más que eso, el sol de nuestra existencia emocional. ZP lo decía en el discurso de investidura: Cultura consiste ante todo en comprender cómo se sienten los otros. Es decir, qué emociones tienen y hacer un esfuerzo por incorporarlas a nuestro mapa individual de emociones-recuerdo que la memoria almacena para que nos sirvan de orientación.

 

Un tema que entonces queda despejado es el de la construcción de la memoria. La infinidad de informaciones como una lluvia fecundan la memoria que hace florecer en el jardín de la indeterminación, en la incertidumbre, las flores de la emociones pero, como es sabido, las flores marchitan pronto, solo vistas en su conjunto en la interminable y continua sucesión son duraderas. En realidad no deberíamos tener ninguna memoria, ser solo acto puro siempre nuevo y primerizo. La memoria, hoy por hoy, es necesaria como los apuntes de aprendiz que precisa releer sus notas cada vez que acomete la tarea.

 

¿De qué manera es posible el acceso consciente a sucesos del pasado y hasta qué punto son estos recuerdos fiables, es decir, reconstruyen verazmente el pasado o sencillamente lo que a mi me interesó archivar? ¿Podríamos ir y venir del pasado al presente, del presente al futuro? ¿Tenemos conciencia de todo ello, conocemos nuestro futuro? O como en el cuento de Borges, no somos capaces de recordar el pasado pero nos acordamos perfectamente del futuro. Ese interés por el tema lo trabajó el realismo mágico literario. El cuento de Cortázar.

 

La ciencia dice que para que podamos recordar, más tarde una experiencia, el cerebro debe almacenarla mientras dura en la memoria a corto plazo que es la memoria operativa del cerebro. Se retienen por un momento informaciones y sensaciones, mientras dejamos que siga fluyendo la constante corriente de las vivencias conscientes. Sin embargo esos contenidos efímeros de la memoria se pierden irremediablemente si no se trasladan a la memoria a largo plazo. Sin ese paso, la experiencia se olvida con tanta rapidez como la información financiera, a la vez, los contenidos almacenados en la memoria a largo plazo se hacen accesibles, una y otra vez, a la conciencia cuando recordamos. Aunque el recuerdo de una experiencia emocional sea fuerte e intenso, no es necesariamente exacto y ni es preocupante porque lo que la memoria pretende, lo que la memoria nos interesa no es la exactitud de un pormenor sino el movimiento que provoca, su capacidad de hacernos reaccionar. Recordamos más los malos momentos no porque nos hayan marcado o impactado mucho y de un modo severo sino porque es una manera de prevenir el riesgo y el peligro futuro. Mutatis mutandis recordamos los momentos agradables. Los recuerdos explícitos, independientemente de sus repercusiones emocionales, no son copias exactas de las experiencias que los crearon. Son reconstrucciones realizadas en el instante en que se recuerda, y el estado en que se encuentre el cerebro en el acto de evocación influye en el modo en que se evoca el recuerdo almacenado. El recuerdo es funcional y sesgado en virtud de nuestra situación.

 

Entonces la memoria sera la via que salva del olvido, que rescata lo mas significativo de lo que hemos vivido. Dicho llanamente: echas mano de los recuerdos como de una caja de herramientas. No es tanto la recuperación de ciertos sucesos temporales, como la huella afectiva que dejan impresa en la memoria. A través de la memoria seriamos capaces de recuperar nuestra vida

 

Por eso el proyecto Aprendizaje es una especie de diario o de archivo común en el que poder reconocerse. Los recuerdos explícitos comportan simplificaciones, adiciones, elaboraciones racionalizaciones de las experiencias de aprendizaje, así como omisiones de elementos del aprendizaje inicial. En resumidas cuentas, el recuerdo revela las expectativas y propensiones de la persona que recuerda. La memoria tiene que , por tanto, extremadamente flexible a la modificación que los sucesos que tienen lugar después de que el recuerdo pueden ejercer.

 

En resumen, nuestros recuerdos son reconstrucciones imperfectas pero significativas de las experiencias vividas.

 

El recuerdo objetivo carece de sentido ya que el recuerdo sería un mapa que dibujaría los miedos, las precauciones, la situación de un sujeto determinado o también de un grupo que comparte recuerdos (lo llamaríamos historia) por lo mismo los aciertos y buenos momentos; pero el recuerdo fundamentalmente es una nota, un aviso, que tomamos para protegernos y para dar las posiciones más favorables; no es que un mal momento nos haya impactado más sino que conviene recordar que ‘si vas a determinado sitio te puede pasar tal cosa’ o que ‘determinada persona te hizo tal cosa perjudicial’ luego eso lo fabulamos, lo contamos como historias, cuentos, anécdotas y parece que sea algo externo, objetivo, pero no son más que experiencias estrictamente personales y que cumplen una función muy práctica;

 

las experiencias personales que nos contamos unos a otros sólo tienen el valor de comunicación de la identificación; cuando el abuelo cuenta sus ‘batallitas’ se antoja poco interesante porque tergiversamos su caducidad física con la de su memoria lo que, con frecuencia, resulta erróneo, si sabemos escuchar, mirar, interviene lo que nos conecta, cuando una vieja experiencia pasa por las presentación formal del arte: escritos, pinturas, películas adquiere una legitimación de la que el relato personal estaba desprovisto; cuando el abuelo te cuenta la Guerra Civil puede resultar tedioso pero si consigue que inconscientemente lo relaciones con tus experiencias del momento, vividas aún virtualmente se añade asi a un mapa formal transformado en memoria colectiva o clave de conocimiento; a eso se refiere Aprendizaje

 

Begoña Egurbide Barcelona 2003

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